Aquel que apueste en su vida por el emprendimiento, tiene en mente crear una startup que solucione los problemas más complejos, algunos incluso que nunca llegarán a existir.
Mientras el mercado se enfoca en las startups, una parte queda desatendida por falta de interés de las nuevas generaciones y porque no es el modelo de negocio con el que soñamos.
Un ejemplo son las empresas que mandan en el mercado de la fruta de Madrid: Frutas Azahara, regentada por una pareja marroquí que desde cero ha creado un imperio de 41 tiendas, 250 empleados, y una facturación de 28 millones de euros anuales, y Don Fruta, fundada por tres amigos de origen chino, que tiene 70 fruterías en la capital y factura 22,7 millones.
Cambiaron el modelo centrando su crecimiento en la apertura de nuevas tiendas con una inversión muy baja, aprovechando la centralización de las compras para abaratar los precios y complicarle la vida a la competencia.
Más allá de complejos estudios de mercado su método de aprendizaje es prueba y error, con constantes aperturas y cierres que les hace dar con el sitio indicado. Han pasado a tener producción propia, operan como mayoristas, importan producto ellos mismos y no paran de crecer.
Una startup habías dicho, ¿verdad?