Perro negro

En plena construcción del Monasterio del Escorial en el reinado de Felipe II, un perro negro se paseaba tranquilamente por las proximidades de la obra.

Esta historia puede parecer irrelevante, y de haberlo sido no hubiese llegado a nuestros tiempos. A pocos kilómetros de El Escorial se decía que se encontraban las puertas del infierno.

La relación que se hizo del perro negro con el perro guardián que las protege, bloqueaba a los equipos de trabajo e impedía que estos pudiesen avanzar con la construcción. Se trataba de una época de supersticiones y falsas creencias, que había que gestionar de la mejor forma posible.

Se tomó la decisión de sacrificar al perro y colgarlo de la torre más alta, evitando posibles finales alternativos, ganando en tranquilidad y recuperando el ritmo de trabajo.

Sin juzgar el pasado con ojos de hoy día, en el momento en que vivimos, los perros negros camuflados con diferentes disfraces merodean constantemente cualquier proyecto.

Es necesario atajar los problemas sin dejar que se generen desviaciones en la entrega o modificación de conductas, siendo vital conocer a los equipos para saber qué dar y cuándo es el momento preciso, basando siempre el trabajo en la transparencia.


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