Cómo tiene que estar la cabeza para apretar el nudo. Ese nudo que acabe con todo esto de una vez por todas, el que libere. El nudo que acabe con la pesadilla en que se ha convertido la vida, el sueño de vivir.
Cómo tiene que ser pensar, preparar, elegir. No sé si quiera si se eligen las cosas. La ropa, la silla, el soporte, el escalón. No sé si se piensa días atrás, si es un arrebato. Igual que hay mil formas de vivir, habrá mil formas para dejar de hacerlo. Un poder individual que afecta a un colectivo. Muchos reflexionarán sobre lo ocurrido, verán lo que un día no vieron, entenderán mucho de lo que escuchaban, de lo que sentían.
Quizá seamos todos un poco débiles para enfrentarnos a ello cara a cara. Más allá de publicaciones, más allá de alzar la voz cuando lo hacen todos, cuando se lleva. Como ahora. Pelear a diario tratando de que todo vuelva a ser como un día fue, tratar de hacer ver a alguien que, en parte, se ha quedado ciego. Quizá la propia vida le haya cegado, quizá quiera estar cegada para no ver más de esta vida.
Cómo tiene que ser vestirte por última vez, mirarte al espejo. Como tiene que ser tu último Whatsapp, tu última conversación, tu última canción, tú última mirada. En la mayor parte de las vidas las últimas veces llegan sin avisar, tan callando. Es parte de la gracia de este viaje, esa necesidad de disfrutar, de vivir cada minuto, cada segundo.
Como si todo se fuese a terminar mañana, sin la angustia de saber que es tu último momento. El que sea, da lo mismo.
Cómo tiene que ser Subirte, Respirar.