Al final, siendo sinceros, solo hay tres tipos de personas en el mundo. Los que llegan con mucho tiempo al aeropuerto, los que van normal y los que llegan al límite.
El tema aeropuerto se puede cambiar por cualquier lugar en el que haya que coger un medio de transporte. Hay que destacar que todos piensan que los raros son los otros. Los que van con tiempo se impacientan cuando ven los minutos pasar y no están allí, en la misma puerta. Al aeropuerto se va, por lo menos, con cuatro horas de antelación. Imagínate que, Como haya atasco, Ya verás tú si. El tiempo de espera no les parece una pérdida, pues aprovechan para hacer cosas que ocupan su tiempo como si ese tiempo estuviese siendo aprovechado.
Los que van normal no tienen los problemas de los anteriores. En el camino piensan en lo que se les habrá podido olvidar en la maleta o si se habrán dejado alguna luz encendida, nada interesante. Tachan al resto de locos, sin comprender por qué la gente no puede ser normal. Como ellos.
Los últimos apuran cada minuto. Realmente no hacen nada, no implica que hayan estado liados haciendo algo interesante, no. Pueden estar pasmados mirando un vídeo de Instagram o esperando que se les enfríe el café. Muchos de ellos lo hacen con la boca abierta y la mirada perdida. Vamos a perderlo, Ya verás, Como lo pierda te vas a acordar. Que no, que vamos bien. Con salir media hora antes, de sobra.