¡Suscríbete!
Ese hombre rudo y sin sentimientos. Locos por conseguir dinero irán hasta donde haga falta para conseguir su objetivo. Los trabajadores son los instrumentos que le harán amasar su fortuna.
Nada más que eso, instrumentos.
Imagen de dureza proyectada durante años, donde los sentimientos permanecían recluidos tras una fachada. El dinero, el fin, pero entre muchos otros. Casos oscuros que son excepciones, como en todo. Casos excepcionales, muchos.
Muchos escogerán a las ovejas negras como pretexto para odiar al empresario.
A todos ellos. Odian por el simple hecho de no tener. Odian por la propia frustración de que, en la mayoría de los casos, ni tan siquiera lo han intentado. Odian si pagan, si donan o si ayudan. Odian por querer tener lo que nunca han luchado.
Los primeros que notan las subidas de impuestos, los que sufren por enviar a familias al paro, los que se endeudan, los que se van tarde a casa, los que llegan pronto a la oficina. Bajar unos escalones para volver a replantearse la subida. Triunfan, cierran, fracasan. Personas que ganan privilegios en la tierra, sin tener que pasar a mejor vida.
Los que, pasado mucho tiempo, se merecen los lujos que les plazcan.
Hoy la empresa se ha transformado, y con ella los empresarios. La psicología juega un papel realmente importante y el mundo se ha dado cuenta de que, antes que nada, somos personas, equipos.
Una barca en la que se tiene que remar en la misma dirección para no ir a la deriva. Las necesidades para que una persona se sienta realizada han cambiado, las prioridades ya no son las que eran. Una persona necesita viajar, conocer, descansar. Necesita además criar, amar, estudiar, correr, leer.
No se es persona sin ello.
El bienestar de los empleados genera aumentos de productividad, mentes tranquilas de las que sacar el máximo partido. Mentes a las que dejar volar la imaginación, mentes a las que permitir crear y expresar.
Buscar la suma en cada aspecto de la vida para crecer en lo personal, como empresa, como sociedad.
Las empresas que no entiendan esto crearán plantillas desmotivadas, que aumentarán su compromiso a medida que engorda su cuenta. No tendrán mayor ambición que esa.
Se creará un nuevo tipo de inculto: el inculto por devoción al dinero. Cerca de todo por posibilidades y a la vez lejos, muy lejos. Sin disfrutar de la historia, del deporte, de la familia, de la lectura, de los amigos.
Sin enterarse.
Las empresas que no piensen en ellas, están perdidas. Mujeres que suben sin mirar hacia abajo y sin ver límites hacia arriba. Preparación como nunca, miedos olvidados, lucha constante. Referentes en cualquier sector, con cargos de los que antes solo acababan en la letra o.
Compartir en equipo, disfrutar a la vez. El hombre ha aprendido a disfrutar de cosas que antes eran femeninas, y las mujeres han demostrado que pueden y deben hacer cosas que la historia había puesto como masculinas.
Historia en la que muchas veces nos encerramos sin conocerla, a la que nos anclamos por tranquilidad, de la que no queremos movernos por el miedo que genera el cambio.
Se requiere el mismo esfuerzo que antaño, ojalá que nunca falten ganas. Que no falten nunca empresarios, emprendedores, innovadores, inquietos.
Que no falten preguntas tontas, preguntas listas, que no falten preguntas.
Que no falten soldados en esta batalla. Soldados dispuestos a sufrir, a generar, a crear. Soldados merecedores de tener, de gastar, de vivir, de disfrutar.
Soldados dispuestos a ir todos los días a una guerra sin armas donde se libran batallas que no entienden de género, sino de actitud.
¡Sígueme en Instagram para no perderte nada!