La Primavera Árabe


Mohamed Bouazizi fue, quemándose a lo bonzo, la persona que provocó un movimiento sin precedentes. La Primavera Árabe surgió en Túnez del hartazgo de la población por la corrupción y los sobornos con los que convivían día tras día.

Llamada también La Revolución del Pan o de los Jazmines, luchaban por sus derechos y por su dignidad.

El presidente Ben Alí, ante el levantamiento popular, se fue a Arabia Saudí. El movimiento provocó la caída de Mubarak en Egipto, de Gaddafi el Libia, de Mansur Hadi en Yemen, revueltas en Bahrein y una guerra en Siria que parece no tener fin.

Solo Túnez parece haber conseguido resultados, aunque la calidad de vida no ha mejorado. Nueva constitución, libertad de expresión, libertad de reunión y, aunque débil, una democracia.

El inconformismo es lo que lleva al cambio, aunque el porcentaje de éxito sea bajo y el futuro incierto. Todo se tiñe de negro al escuchar la palabra fracaso. La gente se bloquea y se autoconvence de que las cosas están bien sin agitarlas.

Emprender, modificar, cambiar, innovar. Mejorar, evolucionar, testear. Agitar.

El fracaso no es más que un posible resultado de haber intentado cambiar algo, un honor mucho mayor que pensar en lo que podías haber hecho, pero nunca hiciste.


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