Lo que era un reparto eficiente de vacunas que nos hacía pensar destino para el verano, se ha convertido en una guerra de tiempos y dinero.
La batalla geopolítica que se libra para salir antes de la crisis, está causando retrasos en los pedidos y trae consigo información de dudosa credibilidad.
No sabemos que esperar. Que la vacuna no tenga efecto, que hayan sido Trump y Xi Jinping los creadores del virus o que, cumpliendo el cupo, Pedro, Santiago y los Pablos, hayan quedado para ver La Isla de las Tentaciones el jueves pasado.
Cuando las empresas se centran en los objetivos económicos, descuidan a sus plantillas. Cuando no se es transparente y la palabra sinceridad no está en el vocabulario de la dirección, los que están más abajo comienzan a desentenderse.
Cuando los intereses individuales prevalecen. Cuando se hace mal y no se asumen responsabilidades. Cuando no se predica con el ejemplo. Cuando se tergiversa la información.
Cuando esto pasa se genera desconfianza, desunión. Las empresas se debilitan.
Se genera una sensación de estrés constante, las cabezas empiezan a ver complicado planificar, mentalizarse de tiempos resulta imposible.
La guerra de ahí arriba, no es lo que interesa aquí abajo.
Ser sociable, accesible, querer ayudar, trabajar en equipo, tener objetivos comunes, aprender de tu compañero, mejorar, apoyar.
Buenas palabras, buenos gestos, cercanía.
Soberbia, falsedad, mentira. Tener el no por respuesta. Creer que sabes más que el de al lado, perderte su conocimiento.
Encontraremos siempre los dos tipos, pero la felicidad solo está en el primero.
El segundo tendrá lo que ha creado. Reirá pensando que ha alcanzado la cima, cuando realmente es el resto el que le puede ver desde arriba. Sin reírse, con elegancia, con educación, con lejanía.
Habrá allanado el camino durante años. Su fortaleza exterior será simplemente un muro que protege su fracaso emocional, su vacío interior, su falta de todo, su abundancia de nada.
Una novela policíaca en la que poco aparece la policía.
Un misterioso suceso pone en alerta al cuerpo en la Ciudad Condal. La desaparición de una niña en un internado de monjas, trae al presente una antigua historia que había tenido lugar en el mismo lugar años atrás. Para tratar de esclarecerlo, recurren a un interno que se juega la libertad si resuelve el caso.
Recién salido del manicomio, comienza con sus investigaciones. Iglesia, policía, encubridores, una cripta.
Un dentista, un jardinero, cadáveres, una mosca gigante. En pocas horas se suceden multitud de aventuras que no te permiten dar con la clave para resolver el caso.
Una lectura muy amena, rápida y divertida, en la que la intriga se mantiene hasta el final.
Si das la oportunidad, es probable que lo haga. Si no das la oportunidad, es imposible que pase nada.
Actualmente el mercado está lleno de gente impaciente buscando su oportunidad. Cargados de ganas, de formación, de conocimiento. Simplemente esperan resultar elegidas en uno de esos procesos impersonales que abundan en el mercado.
El desempeño posterior tras mesesde búsqueda, de conocer el sufrimiento de no tener, de necesitar ansiosamente sumar, es muy probable que sea positivo.
Quizá no se valore tanto un empleo cuando se tiene como cuando no. Se pasarán por alto las noches pensando en el futuro, los meses sin entrar un salario en la cuenta, los proyectos de vida que se tienen que posponer sin fecha, conversaciones en las que parece que no tienes que aportar.
Tu mente poco a poco te infravalora, tu subconsciente intenta tirar la toalla por ti.
Procesos en los que en muchos casos no recibes respuesta, ni tan siquiera automática. Departamentos de recursos humanos faltos de recursos, a los que les vendrían bien cursos de humanidad.
Es importante ser constante, leer sobre los grandes para darte cuenta de que algún día fueron pequeños, que algún día sufrieron, lloraron. Estudiar para seguir la estela del mercado, conocer gente para que tu marca no desaparezca nunca, hablar de lo que te gusta y aprender de lo que no sabes.
Rendirse nunca es una opción, y mucho menos lo es por la opinión de otros.
Todo el mundo es libre de perder tantas oportunidades como crea conveniente. Con cada una de ellas perderá también el derecho a queja o protesta. El único culpable será él mismo.
Se prohíbe por tanto la sublevación contra el sistema, la búsqueda de culpables, o pagar su rabia con acciones que perturben la tranquilidad de los demás.
La persona deberá gestionar sus emociones como desee, teniendo en cuenta que las subidas y bajadas serán constantes.
A medida que se van dejando escapar, la tranquilidad mental estará cada vez más lejos.
Es mejor montarse en trenes. Es imprescindible ver que al menos su estructura genera confianza, que los raíles son medianamente seguros y que hay alguien en la cabina del conductor.
En algunos casos incluso si falla ligeramente alguna de estas variables, el paseo puede estar entretenido. En caso de descarrilamiento, reventón de la estructura o deserción del maquinista, se podrán buscar soluciones.
Aun así, si no existiesen, el aprendizaje de este trayecto será mucho mayor que el del que muere esperando por el tren perfecto y, sin duda, que el de aquel que ni siquiera se acerca a la estación.
Mohamed Bouazizi fue, quemándose a lo bonzo, la persona que provocó un movimiento sin precedentes. La Primavera Árabe surgió en Túnez del hartazgo de la población por la corrupción y los sobornos con los que convivían día tras día.
Llamada también La Revolución del Pan o de los Jazmines, luchaban por sus derechos y por su dignidad.
El presidente Ben Alí, ante el levantamiento popular, se fue a Arabia Saudí. El movimiento provocó la caída de Mubarak en Egipto, de Gaddafi el Libia, de Mansur Hadi en Yemen, revueltas en Bahrein y una guerra en Siria que parece no tener fin.
Solo Túnez parece haber conseguido resultados, aunque la calidad de vida no ha mejorado. Nueva constitución, libertad de expresión, libertad de reunión y, aunque débil, una democracia.
El inconformismo es lo que lleva al cambio, aunque el porcentaje de éxito sea bajo y el futuro incierto. Todo se tiñe de negro al escuchar la palabra fracaso. La gente se bloquea y se autoconvence de que las cosas están bien sin agitarlas.
El fracaso no es más que un posible resultado de haber intentado cambiar algo, un honor mucho mayor que pensar en lo que podías haber hecho, pero nunca hiciste.
Ese hombre rudo y sin sentimientos. Locos por conseguir dinero irán hasta donde haga falta para conseguir su objetivo. Los trabajadores son los instrumentos que le harán amasar su fortuna.
Nada más que eso, instrumentos.
Imagen de dureza proyectada durante años, donde los sentimientos permanecían recluidos tras una fachada. El dinero, el fin, pero entre muchos otros. Casos oscuros que son excepciones, como en todo. Casos excepcionales, muchos.
Muchos escogerán a las ovejas negras como pretexto para odiar al empresario.
A todos ellos. Odian por el simple hecho de no tener. Odian por la propia frustración de que, en la mayoría de los casos, ni tan siquiera lo han intentado. Odian si pagan, si donan o si ayudan. Odian por querer tener lo que nunca han luchado.
Los primeros que notan las subidas de impuestos, los que sufren por enviar a familias al paro, los que se endeudan, los que se van tarde a casa, los que llegan pronto a la oficina. Bajar unos escalones para volver a replantearse la subida. Triunfan, cierran, fracasan. Personas que ganan privilegios en la tierra, sin tener que pasar a mejor vida.
Los que, pasado mucho tiempo, se merecen los lujos que les plazcan.
Hoy la empresa se ha transformado, y con ella los empresarios. La psicología juega un papel realmente importante y el mundo se ha dado cuenta de que, antes que nada, somos personas, equipos.
Una barca en la que se tiene que remar en la misma dirección para no ir a la deriva. Las necesidades para que una persona se sienta realizada han cambiado, las prioridades ya no son las que eran. Una persona necesita viajar, conocer, descansar. Necesita además criar, amar, estudiar, correr, leer.
No se es persona sin ello.
El bienestar de los empleados genera aumentos de productividad, mentes tranquilas de las que sacar el máximo partido. Mentes a las que dejar volar la imaginación, mentes a las que permitir crear y expresar.
Buscar la suma en cada aspecto de la vida para crecer en lo personal, como empresa, como sociedad.
Las empresas que no entiendan esto crearán plantillas desmotivadas, que aumentarán su compromiso a medida que engorda su cuenta. No tendrán mayor ambición que esa.
Se creará un nuevo tipo de inculto: el inculto por devoción al dinero. Cerca de todo por posibilidades y a la vez lejos, muy lejos. Sin disfrutar de la historia, del deporte, de la familia, de la lectura, de los amigos.
Sin enterarse.
Las empresas que no piensen en ellas, están perdidas. Mujeres que suben sin mirar hacia abajo y sin ver límites hacia arriba. Preparación como nunca, miedos olvidados, lucha constante. Referentes en cualquier sector, con cargos de los que antes solo acababan en la letra o.
Compartir en equipo, disfrutar a la vez. El hombre ha aprendido a disfrutar de cosas que antes eran femeninas, y las mujeres han demostrado que pueden y deben hacer cosas que la historia había puesto como masculinas.
Historia en la que muchas veces nos encerramos sin conocerla, a la que nos anclamos por tranquilidad, de la que no queremos movernos por el miedo que genera el cambio.
Se requiere el mismo esfuerzo que antaño, ojalá que nunca falten ganas. Que no falten nunca empresarios, emprendedores, innovadores, inquietos.
Que no falten preguntas tontas, preguntas listas, que no falten preguntas.
Que no falten soldados en esta batalla. Soldados dispuestos a sufrir, a generar, a crear. Soldados merecedores de tener, de gastar, de vivir, de disfrutar.
Soldados dispuestos a ir todos los días a una guerra sin armas donde se libran batallas que no entienden de género, sino de actitud.
Ayer era empezar repartiendo leche o tener una pequeña tienda a la vuelta de la esquina. Al alcanzar el éxito y comentarse, en ocasiones se notaba cierta sorna para camuflar la envidia.
Hoy hay un paso previo que no es tan entretenido como antaño. Quizá el empaque de los cargos puede tener buena acústica, pero las condiciones son pobres y el esfuerzo en muchas ocasiones no se ve recompensado.
El mercado laboral es un océano rojo en el que es vital diferenciarte para poder encontrar, si no tu océano azul, al menos una zona menos batida.
Leer y estudiar. Testear lo que funciona bien y lo que funciona mal. La innovación empieza en uno mismo y en el fondo cada uno es su pequeño gran proyecto de emprendimiento. Solo hay que buscar el encaje con el mercado, estudiando tus propias métricas.
Charlas, eventos, cafés. Escribir para en muchos casos, no recibir respuesta. Programar llamadas, no olvidarte de nadie, preocuparte por mantener lo que tienes. La falta de movimiento trae falta de resultados y de su mano vendrán el desánimo, la frustración y la tristeza.
Instagram, blogs, Youtube o LinkedIn, diferentes formatos de bajo coste para diferentes públicos, donde expresar, contactar, conectar y crecer.
El término engloba a prepotentes, arrogantes y malos compañeros. A aquellos a los que se les nota la chulería y la soberbia en el primer contacto. A los que escribes, pero nunca contestan. A los que dejan un hola sin siquiera un adiós. A los que pides consejo o ayuda, y responden haciendo de menos.
Causantes de que no se hagan preguntas. Causantes de cortar la creatividad en los equipos. De apartar a los valiosos porque, en el fondo, saben que ellos no lo son.
Mala educación, malos días, malas formas. Aun así, no existe mayor placer que aprender cosas nuevas, y a base de probar, se acaba encontrando a la persona indicada.
Los que recargan sus discursos con clases de historia, aunque difícilmente recuerdan la suya. Los que tratan de desmerecer tu trabajo, a pesar de que ellos no tienen nada que ofrecer. Los que evitan el dato, porque saben que esos números les devolverán al lugar que merecen.
Ruido que oculta lo bueno. Leer, escuchar, ver, preguntar. De las preguntas surge la innovación, las startups, el cambio, la evolución. Nada ni nadie debe poner freno a las preguntas.
En el fondo, solo son aquellos que desmerecen, por lo poco que saben que merecen.
– Un 30% de los españoles cree que los humanos convivieron con los dinosaurios.
– El 25% piensa que el Sol gira alrededor de la Tierra.
– El 1,5% de la población española es analfabeta, unas 700.000 personas.
– El 35% no lee nunca o casi nunca un libro.
– Apenas el 46% de los españoles sabe que los antibióticos no curan enfermedades causadas por virus, sino por bacterias.
– El 27% de la población piensa que toda la radioactividad del planeta está generada por el ser humano, aunque el 80% de la radiación que recibimos procede de fuentes naturales.
– Un 14% defiende los horóscopos.
– En torno al 80% acude a internet como primera fuente de información científica. Las principales vías de consulta son Facebook, Youtube, prensa generalista y Wikipedia.
Es cierto que muchos son datos de la encuesta de Percepción Social de la Ciencia de 2015, y aunque dudo que tras estos cinco años las cosas hayan mejorado, no puedo asegurarlo teniendo en cuenta que desde 2006 a 2015 se había pasado de un promedio de respuestas acertadas del 58% al 70%.
La importancia del entorno en el mundo de la empresa, es más importante si cabe en la propia vida.